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Clase media entrampada.

Por: Omar Orlando Tovar Troches –ottroz69@gmail.com-

De hecho, no solo la clase media colombiana es la entrampada, es toda la sociedad en su conjunto, la que durante más de doscientos años, ha caído reiteradamente en la trampa de  entregar representación y poder a quienes  mediante, no tan elaborados engaños, han tenido el poder de dirigir y administrar el destino de Colombia, desde su creación.

Al igual que el muy diligente infiltrado, informante y multi testigo, usado por la DEA y el ex fiscal Néstor Martínez, para inducir a sus múltiples objetivos a caer en complicadas y alucinantes celadas, las élites colombianas, han infiltrado en la sociedad colombiana, en todos sus estratos, a diligentes y eficientes agentes encargados de tender trampas clientelares, económicas y mediáticas, para que el desprevenido paisano o paisana de a pie, caigan, de manera periódica, en el engaño de creer que a quienes les entrega, mediante su esfuerzo y su voto, el honor de representarlo y defenderlo, lo va a sacar de su miseria, una vez instalados en sus cargos.

Este entrampamiento, desde siempre, ha repetido las mismas estratagemas. Primero, los verdaderos dueños del poder, quienes toman las decisiones de fondo, ordenan a los funcionarios administradores de lo público, implementar todas las medidas económicas y sociales necesarias, para que la mayoría de los colombianos, se mantengan en la pobreza, negándoles acceso a los mínimos necesarios para vivir dignamente. Ya en el poder local, regional o nacional, los mandaderos del poder, entregan dosificados estos mínimos, de forma que se asegure la fidelidad eterna de la cada día más numerosa pobrecia, en cada elección, eso sí, otorgándole a tal o cual líder o lideresa barrial o veredal, una que otra prebenda económica, monetaria o de contrato, para que testifique, la generosidad del doctor o la doctora representante, senadora, gobernador o alcaldesa.

Para el caso de quienes han podido acceder, vía el esfuerzo de sus antepasados, su educación y/o su esfuerzo individual, a un nivel socio económico, que les permita no estar tan preocupados por correr el riesgo de morirse de hambre o de la indigencia, el entrampamiento es un tanto más elaborado.

Dado que, las posibilidades económicas de esta clase media, les permite acceso a la información, por poder permitirse el lujo, no solo de tenerla a través de la adquisición de los  dispositivos físicos por los que puede conseguirla (periódicos, revistas, viajes, tv., radios, teléfonos móviles, etc.), sino de tener el tiempo suficiente para consumirla; los verdaderos tomadores de decisiones, han dispuesto, desde hace mucho tiempo, un muy eficiente dispositivo ideológico, que aprovechando las ventajas de los medios de comunicación que usa desaforadamente la clase media, les vende una realidad ficticia de bienestar material, solo alcanzable si se permite que sus mandaderos en los cargos de elección, sigan mandando, por lo que esta promesa es válida si, y sólo si, ellos son electos cada cuatro años.

Parte del entrampamiento de la clase media se ha hecho a través de la construcción de un relato social, según el cual, el bienestar físico y mental de la persona, únicamente es posible, si esta persona tiene a su disposición unos objetos que lo distingan como ganadores, en un ambiente de feroz competencia. Aunque en principio, tales objetos coinciden, con esos mínimos que requiere cualquier humano para vivir (casa, agua, comida, trabajo y salud), muy pronto, a esta sencilla y vital lista, se le van agregando otras cosas, a la que se les otorga un poder fetiche, consistente en hacerle creer, a los miembros o aspirantes de la clase media, que su tenencia o al menos el intento de su obtención, es lo que le da sentido a la existencia de este estrato socio económico, lo que inmediatamente, coloca al consumismo como nuevo valor ético de la clase media. Cerrada la trampa. Tanto para las clases populares, como para el estrato medio, los verdaderos tomadores de decisión, usan lideres o lideresas barriales y veredales, comunicadores sociales, guías espirituales, medios de comunicación, el modelo educativo, el deporte y el Estado, para asegurarse de que el ciudadano promedio no se escape de la trampa.

De otro lado, desconfiando del carácter gregario del humano común, mediante la implementación de la táctica del aislamiento, del señalamiento y la satanización de aquellas personas, medios o movimientos que pongan en duda las bondades del tramposo sistema; el verdadero poder se encarga de separar a estas ovejas negras de su preciado rebaño, por medio de un eficiente aparato de propaganda en el que, a estas manzanas podridas se las empieza a destruir etiquetándolas como dinosaurios contestatarios, polarizadores, vándalos o terroristas. A esta campaña de señalamiento y segregación la complementa, la instauración para la clase media, de categorías como “Gente Bien” o “Gente de Bien” que no discuten, no debaten, no pelean, ni se inmiscuyen en esas cosas, gentes, cuyas calidades intelectuales y morales los sitúan por encima del bien y del mal, en un espacio neutro apolítico.

El hecho es que esta peste desnudó el entrampamiento de la clase media. Como los miembros del club de la clase media, no clasifican como pobres, no fueron beneficiarios (salvo politiqueras excepciones) de los auxilios del estado, ni en especie ni en efectivo. Paradójicamente, al no ser ricos, tampoco fueron sujetos de préstamos por parte de ese estado que les tendió la trampa, al no poder demostrar el respaldo económico a su deuda. Para completar, si bien los bancos, suspendieron el cobro de sus préstamos y de sus múltiples tarjetas de crédito, una vez Duque, el presidente a cargo, decretó el fin de la peste, el sistema financiero, y en términos generales, todo el sistema económico, procedió, a hacer efectivo el cobro de las deudas de la clase media, cuyos miembros, al no estar registrados como pobres en el SISBEN, no son sujetos de amnistías financieras.

Sin embargo, la clase media, aún entrampada mentalmente, en esa realidad virtual construida y comprada a plazos, nuevamente cayó en la artimaña del verdadero poder. Vía medios de comunicación, se le hizo creer que, sin su decidida colaboración, el Estado y el país entero colapsarían, por lo que era y será necesario su valeroso y muy colombiano sacrificio, saliendo a trabajar, eso sí, exponiéndose a la peste y la muerte, para ayudar a esos otros colombianos, caídos en desgracia y a quienes, este bonachón gobierno, al que eligieron, no ha sido capaz de ayudar.

Bienvenidos al mundo del emprendimiento digital, el rebusque bien, de las gentes de bien, porque sin su decidido apoyo, este país podría caer en manos del castro chavismo internacional. La trampa se volvió a cerrar.

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