Colombia no es Encanto, ni Duque es Mirabel.

Por: Omar Orlando Tovar Troches -ottroz69@gmail.com-

Acostumbrados, como estamos los colombianos de a pie, a que los grandes medios de comunicación masiva privada de Bogotá; impongan lo que le debería llamar la atención, preocupar, indignar, alegrar, entristecer o enorgullecer a la sociedad colombiana, que vive en los extramuros del centro norte de la capital colombiana; la puja por el control del GEA y la más reciente película de muñequitos de Disney, se impusieron como los temas en los que la sociedad colombiana debería concentrarse.

De la misma manera en que la venta de Bavaria a las trasnacionales Philip Morris y Saab Miller,  o la adquisición de Avianca por un multimillonario Brasileño, se nos presentaron como las noticias del siglo, en términos de un supuesto estreno de la tercermundista economía colombiana en el maravillosos y mágico mundo de los negocios trans nacionales; los grandes medios de comunicación de Bogotá, recientemente nos han impuesto el relato, según el cual; las famosas OPA (ofertas públicas de adquisición) de las muy paisas Nutresa y Sura; son un intento hostil, por parte del grupo Gilinski, para arrebatarle a los colombianos, léase bien, a los colombianos; el dominio que obviamente no tenemos, del Grupo Empresarial Antioqueño; una empresa de todos los colombianos, como también lo son; Avianca, Claro y Telefónica.

Ya entrados en gastos e impulsados por el éxito alcanzado por las películas el Abrazo de la Serpiente y Los hijos del Viento; esos mismos medios, empezaron a mostrarnos como colombianísima, la última película de la multimillonaria transnacional del entretenimiento Disney, dedicada, supuestamente, al público infantil. De la misma manera en la que Duque y sus aliados en el gobierno, tratan de hacernos creer que su ineptitud, pero, sobre todo, su interés por beneficiar a unos pocos empresarios y políticos amigos del uribismo, corresponden a los esfuerzos de un buen gobierno por el bienestar de todos sus gobernados; esos mismos medios aliados suyos, tratan de vendernos la idea de que la empalagosa ficción del mercadeo de Disney, conocida como Encanto, corresponde a la verdadera Colombia.

Convenientemente, los ilusionistas de la información, echando mano de sus dones de habitantes de Encanto; le dan poca importancia o esconden; las verdaderas implicaciones, intencionalidades, consecuencias, beneficiados y afectados de estos mágicos y deslumbrantes negocios de la élite económica colombiana. Muchas dudas, sobre todo de tipo fiscal (impuestos), suscitó el hecho de que la fusión, venta de Bavaria, pasara por una empresa (BevCo LLC), creada y constituida en Panamá, y que tras una serie de contorsiones empresariales, en las que Alejandro Santo Domingo y Carlos Alejandro Pérez, éstos; terminaron como miembros del comité ejecutivo de Bavaria, vicepresidentes de la nueva junta, recibiendo cada uno la suma de US $100.000 anuales, luego de haber desmantelado al sindicato de trabajadores, a punta de planes de retiro voluntarios y dejando en manos de los verdaderos dueños de Saab Miller; el monopolio de la  muy colombiana Bavaria.

Con la película de muñequitos de Disney, dirigida al muy apetitoso mercado colombiano, especialmente, el que vive en el Encanto norteamericano de Florida, N.Y y Los Ángeles y un tanto, al que vive en la Colombia de verdad; los magos de la comunicación social de los grandes medios, intentan imponer, sí o sí, una versión edulcorada de Colombia, a través de un burdo intento de relato fundacional colombiano “Made in USA”, en el que, a través de un muy fingida, pero obligada corrección política, se indica lo que debería ser una familia colombiana, nicaragüense, venezolana y hasta gringa; un modelo de familia en el que la inclusión, pero sobre todo, la nueva normalidad, correspondan al modelo de familia universal aislada de la realidad, en la que paradójicamente, los normales, como Mirabel, sean los héroes de último minuto, que salven a esas familias mágicas y normalizadas en lo extraordinario (de la inclusión ), de los peligros de la disfuncionalidad del siglo XXI y de esos poco coloridos peligros de afuera (la violencia).

Siguiendo con este mismo libreto de ilusionismo, los hipnotizadores de la prensa capitalina, intentan ocultarnos la verdad completa de los grandes negocios de los ricos, que indica que quienes terminan siendo felices y comiendo perdices, son muy pocos; haciéndonos creer que la riqueza y el bienestar de esos pocos, es la felicidad y la riqueza de la nación colombiana. Así mismo, los medios pretenden hacernos creer que Colombia es Encanto, y que un tipo tan común y corriente como Iván Duque, por medio de su normalidad (ineptitud e incompetencia), ha sido ese héroe de último minuto, capaz (¿?) de rescatar a la gran familia de Encanto, de sucumbir al poco colorido peligro de la desintegración interna (polarización) o lo que es peor; caer en las garras del mal, de esos descoloridos muñequitos, que no son gente de bien y que para colmo de males; andan por ahí diciendo que Colombia no es Encanto y que Duque no es Mirabel.

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