De la injerencia extranjera y otros asuntos

CARLOS E. CAÑAR SARRIA –

carlosecanar@hotmail.com

Muchos pegan el grito en el cielo frente a la actual
injerencia descarada de Estados Unidos en nuestro país. Pero les pareció normal
y necesaria la injerencia de Colombia, de otros países y de Estados Unidos en
los asuntos internos de Venezuela. El Tio Tom actúa bajo el sofisma del rescate
de la democracia, cuando su única preocupación es el petróleo de la vecina
nación. Tras ese sofisma se escudan los demás países del bloqueo diplomático a
Venezuela, icomo si dentro de sus respectivos territorios, la democracia fuese
un modelo para imitar. Donde la pobreza y la indigencia son los constantes
indicadores y en dónde el desarrollo humano llega al grado de pauperización.

Pero no, esto no se tiene en cuenta, llevando a no
pocos a estar de acuerdo sobre una intervención militar norteamericana en
Venezuela en contra de la dictadura de Maduro, teóricamente impidiendo que
Venezuela resuelva sus propias contradicciones como acción soberana. Lo cual
nos lleva pensar que no hay que alegrarse de las pretensiones norteamericanas
hacia el vecino país , porque seguramente, después de Venezuela, el coloso del
norte vendrá por nosotros. Posturas que dan bombo a los gringos para intervenir
en los asuntos internos de nuestros países en los momentos y en los términos
que las circunstancias lo ameriten, pueden resultar potencialmente peligrosas.

 Duque ha dicho
que él sólo tiene que rendir cuentas a los colombianos ante las críticas de
Trump, en el sentido de que en lo que lleva de gobierno Duque, el narcotráfico
se ha duplicado. Está bien la respuesta del primer mandatario colombiano, pero
amanecerá y veremos. La suspensión de la visa al representante a la Cámara,
John Jairo Cárdenas no deja de ser preocupante; éste ha manifestado que es una
retaliación norteamericana por sus posiciones sobre las objeciones a la JEP,
con las que no está de acuerdo. Voces de solidaridad hacia el representante se
escuchan.

De otro lado, el problema no está en que no se esté de
acuerdo con la dictadura de Maduro, el problema es respaldar los medios utilizados
para derrocarlo. Estados Unidos no da puntada sin dedal. La historia mundial lo
constata. Cría cuervos y te sacarán los ojos. Cada país debe resolver sus
propios conflictos.

La libre autodeterminación de los pueblos es un
requerimiento del derecho internacional, contribuye a la legitimación de los
regímenes políticos democráticos, de lo contrario, la soberanía queda  hecha flecos.

La dependencia económica genera las demás
dependencias: política, militar, cultural, etc., Estados Unidos lo sabe y por
ello su gobierno se cree el emperador del mundo.

Latinoamérica, carente de una filosofía y una
identidad propia, aún no madura la idea de liberación nacional, tal como lo
propuso Martï en su obra “Nuestra América”. La Doctrina Monroe(1823) parece
adquirir cada vez mayor vigencia: “ América para los americanos”, cuando la
verdad es ‘América para los norteamericanos’. 

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En el momento de escribir estas líneas, ya son 19 las personas muertas, desaparecidos y numerosas casas sepultadas como consecuencia del derrumbe en Rosas(Cauca); hecho lamentable de una tragedia anunciada. Augusto Comte, padre de la Sociología anota que “La previsión conduce a la acción”. En Colombia sucede todo lo contrario. Se pueden evitar los males, no dejarlos crecer para después tener que actuar, en medio de pérdida de vidas humanas e incalculables costos económicos. Desde hace un año tanto el alcalde de Rosas como la comunidad habían advertido sobre los  deslizamientos y los riesgos pertinentes. Las comunidades sienten incertidumbre ante alternativas sólidas  y posibles del Estado. Hay que reconocer la presencia oportuna de Duque después de haber ocurrido la tragedia: “Hemo establecido(…) protocolos de asistencia con la Unidad de Gestión de Riesgo(…). Estamos para darles a las familias no solamente apoyo, sino que sientan la presencia del Estado. Colombia hoy está de luto, pero está unida”. La comunidad de Rosas, no solamente requiere la ayuda del Estado colombiano sino la solidaridad de todo el país.

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