De la intolerancia y la oposición democrática.

Por: CARLOS E.
CAÑAR SARRIA     –

carlosecanar@hotmail.com      –

             Si algo importante concibe
teóricamente el régimen político democrático, es precisamente la separación de
poderes. Cuando un gobierno pretende subsumir los demás poderes en torno suyo,
se instaura una dictadura. Desde ese momento el régimen político se
deslegitima, siendo la recurrencia a la fuerza el único mecanismo para
mantenerse.

               Pretender consolidar un gobierno
con poderes omnímodos, no es más que una degeneración descarada de la
democracia que sólo conlleva a la deslegitimación del poder político y al
impedimento de la implementación de una sociedad moderna donde permanentemente
tenga cabida la libre expresión, el derecho a disentir, la  libre crítica, en fin, la participación
activa de la oposición en términos de la Constitución y de las leyes.

               El Centro Democrático, que es el
partido de gobierno, no puede seguir asumiendo actitudes de intolerancia que
pongan en riesgo las principales reglas de la democracia.

               Ya es común en nuestro país, por
ejemplo, que en las campañas políticas y en los mal llamados debates en el
Congreso, no se  propicien los verdaderos
debates, propuestas, ideas, imaginarios; sino que las intervenciones recurren
al insulto, a la injuria, a la calumnia, al desprestigio generalizado, lo cual
desdice mucho de nuestra cultura política, que no es otra que la de la
exclusión e irrespeto a quienes piensan diferente.

                La actitud del ya ex presidente
del Congreso, el célebre bachiller Macías, que premeditada y malintencionadamente
impidió que se conociera -como debió ser- la intervención de la oposición
democrática en la instalación de las sesiones del Congreso el pasado 20 de
julio, no es más que una postura cínica que contribuye a desprestigiar aún más
la deslegitimada institución legislativa.

                 Su “última jugadita” como
presidente de la referida corporación, que no pudo ocultar porque descuidó
quitar sonido al micrófono, da mucho para analizar y presuponer  en cuántas más jugaditas habrá realizado durante
su periodo al frente de este organismo que la opinión pública viene tildando de
guarida de ratas. El “gran jugador”, Macías, que recientemente fue muy
criticado en los medios y en las redes sociales, por la placa de mármol que fue
descubierta por él,  en el recinto del
Congreso en homenaje a su mentor, senador Uribe. 

           Macías al ser sorprendido
obstaculizando la intervención de la oposición el día de la independencia,
revestido del cinismo que le caracteriza, recurrió al sofisma de que cometió un
error pero no un delito. La oposición se apresta a que se le imponga algún tipo
de sanción, que bien merecida la tiene.

             Si algo oxigena una verdadera
democracia es la participación activa y viviente de la oposición democrática.
En dónde existe realmente, los países crecen política y económicamente.

              En Colombia ya es tiempo de que
deje de tener eco, la  nefasta tendencia
ideológica promovida por los Estados Unidos después de la II Guerra Mundial por
el general Mc Arthur, que tildó de comunista a la oposición, pues esto nos hace
recordar épocas aciagas de nuestra historia republicana, actitudes por ejemplo,
de Laureano Gómez y del obispo antioqueño Miguel Ángel Builes. 

              Gómez se caracterizó por una
larga historia de oposición a los liberales “por comunistas”.  Valiéndose de la figura mítica del basilisco,
expulsó  su veneno: “El basilisco era un
monstruo que reproducía la cabeza  de una
especie de animal, de otra la cara, de una distinta los brazos y los pies de otra
cosa deforme para formar un ser amedrentador y terrible del cual se decía que
mataba con la mirada. Nuestro basilisco camina con pies de confusión y de
ingenuidad, con piernas de atropello y de violencia, y con un inmenso estómago
oligárquico; con pecho de ira, con brazos masónicos y con una pequeña, diminuta
cabeza comunista, pero que es  la
cabeza.” Gómez en su discurso de posesión presidencial anunció que una de sus
grandes tareas sería: “(…) limpiar la mente popular de las punzadoras malezas
del Materialismo Histórico (…)”.  El
Semanario Católico El Derecho fundado por monseñor  Builes, en su edición de abril de 1949
registró  el siguiente titular:
“Conservadores de todo el país, a armarse”.

              Tratar a quienes hacen oposición
democrática  de “marxistas” y
“comunistas” es un despropósito que sólo demuestra ignorancia en estos temas.
El marxismo concibe la revolución violenta para acceder al poder y no pueden
ser marxistas ni comunistas, quienes participan 
en  un proceso democrático legal. El
marxismo no estima conveniente la vía electoral como mecanismo de
instauración  del socialismo,  dictadura del proletariado o  etapa transitoria rumbo al comunismo.
Esto  falta  enseñarlo y recordarlo a quienes pretenden
macartizar la oposición democrática.

                  El discurso del castro-chavismo se les está agotando a sus promotores, por eso hay que tener cuidado de qué otras cosas más se podrán prender en la medida en que sigan deslegitimando tanto el régimen como el sistema político.

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