El fascismo colombiano.

Por: Omar Orlando Tovar Troches –ottroz69@gmail.com-

Cuando la burguesía – particularmente sus capas más reaccionarias- no pueden seguir dominando por procedimientos democráticos, apela a los métodos de la dominación fascista.” José Diaz Ramos

En notas anteriores se ha mencionado la dificultad que tiene el ciudadano del común, para comprender algunos fenómenos sociales y económicos, que, aunque ignorados, terminan afectándole; tales como el avance cotidiano del fascismo en el mundo, porque, lastimosamente, lo del paisano o paisana de a pie es seguir sumergido en la realidad alternativa que le ofrecen en la virtualidad de las redes sociales y en lo que ve y oye en los mass media[1] tradicionales (radio, televisión, cine, etc.,).

El desprevenido lector se preguntará ¿y a qué viene esta primera reflexión?  ¿fascismo?, y, ¿eso que es? ¿hay fascismo en Colombia? Como dirían en terapia de rehabilitación física; ¡vamos paso a paso! Para poder avanzar, se propone arrancar con una aproximación a esa cosa extraña, para muchos, llamada fascismo.

Varios autores, desde hace tiempo, han coincidido en señalar la dificultad de hacer una única definición del término fascismo; incluso, muchos de estos estudios promueven la idea de la existencia de varios fascismos, en tanto que otros, rechazan la posibilidad de una reaparición de este fenómeno político-social, nacido en Europa (Italia) en la primera mitad del siglo XX y que se reafirmó en la Alemania Nazi y durante la dictadura del general Franco en España a mediados del siglo pasado[2].

Si bien es cierto que este fenómeno político-social ha sido difícil de caracterizar; en el trabajo de Stanley Paine (2022) aparece una muy puntual síntesis de las características que, en términos generales, podrían hacer una acertada descripción de lo que se podría entender como fascismo y que, palabras más, palabras menos señala la existencia de  un «mínimo fascista» conformado por: el antimarxismo, antiliberalismo, el principio del caudillaje, la existencia de un ejército del partido; el objetivo del totalitarismo y un enfoque organizativo central.

Es muy probable que al lector (a) le parezcan muy parecidos estos mínimos del pensamiento fascista con algunos postulados del credo libertario de Javier Milei, las promesas electorales de Bukele, la idea de hacer América grande de nuevo de Trump y la seguridad democrática de Uribe Vélez y la derecha colombiana. Efectivamente, no son simples coincidencias. Estos parecidos obedecen al resurgimiento del pensamiento fascista en el siglo XXI.

Todos niegan la existencia de las brujas y los fascistas, pero de que los hay los hay.

A pesar de que un sector de la literatura especializada se ha alineado con la tesis que afirma que el fenómeno del fascismo es propio de Europa y, más específicamente, de la Europa de entreguerras (Primera y Segunda Guerra Mundial); otras aproximaciones académicas han señalado que este fenómeno también ha tenido sus adeptos y desarrollos en Latinoamérica, como por ejemplo; la adhesión del partido conservador colombiano en cabeza de Laureano Gómez a las gestas del dictador Franco (fundador del fascismo en España) a mediados del siglo pasado[3] . Así mismo, es posible encontrar parecidos entre las expresiones del fascismo del siglo XX y las recientes manifestaciones de neofascismo en Colombia.

Empíricamente se pueden verificar semejanzas entre la manera en que Mussolini, Hitler y Franco controlaron los medios de comunicación para difundir su ideología fascista y crear un culto a las ideas del «Duce», del «Führer” o del “Generalísimo”, como los guías de Italia, Alemania y España hacia la grandeza[4] y el relato criollo, según el cual; Álvaro Uribe, Vargas Lleras y otros delfines del liberalismo y del partido Conservador, encarnan los ideales de la fuerza y la unidad nacional.

Al rededor de la idea-discurso del “Gran Colombiano”, o quien Él diga, a través de los símbolos de la mano dura, la gente de bien y discursos apasionados; la derecha colombiana ha creado e instalado en la opinión pública una narrativa que asegura que el país solo es viable si las élites empresariales y los partidos de centro y derecha vuelven para salvar a Colombia.

Continuando con las semejanzas, se puede asegurar que estos regímenes; los de Mussolini, Hitler, Franco, Duque, Santos, Uribe, Pastrana, Gaviria, Barco y Turbay, compartieron la estrategia del enemigo interno y el objetivo de eliminar la oposición, con el propósito de consolidar un poder absoluto mediante la cooptación del Estado, la censura, la propaganda y la represión. Recientemente, con la llegada del progresismo al ejecutivo nacional, la derecha colombiana ha contado con el apoyo incondicional de los grandes gremios de la producción (Asocaña, Fenalco, Andi, Fedegan, Anif, etc.), quienes, a través de sus medios de comunicación y los de sus aliados transnacionales, han venido consolidando la idea de la desesperación, el fatalismo, el miedo, para justificar la necesidad de una mano fuerte salvadora que restaure ese orden (ficticio) anterior a la amenaza comunista.

La negación de la realidad (desaparecidos, falsos positivos, corrupción, ineptitud, etc.) que promueven los líderes del neofascismo, es acompañada con la promoción de la agresividad y el odio a las víctimas; como una forma de exaltación de un nacionalismo y moralismo forzados y que Berman (1965)[5] describe como:” el poderoso impulso dinámico, [que] es el arma que manejan para la destrucción de sus adversarios” 

Parafraseando a Giménez (2024)[6], es evidente que la actual estrategia comunicativa del fascismo colombiano y sus aliados del centro es provocar terror, alimentando la fragmentación social alentando un individualismo agresivo ante la incertidumbre, el descontento y el miedo; generando apatía o resentimiento hacia los considerados «otros»: los de izquierda, los progresistas, ambientalistas, indígenas, negros, feministas, lgbtiq o cualquiera que no sean ellos: Los neofascistas de bien.


[1] El Dr. Peré Marqués (2001) define los «mass media» como tecnologías que difunden información a un amplio público de manera simultánea e indiscriminada, destacando su evolución desde la prensa y la publicidad del siglo XIX hasta el cine, la radio y la televisión del siglo XX. A partir de los años 70, surgen el video y el concepto de «self media», que transforman la comunicación de un enfoque masivo a uno más individual. Liliana Cruz Gatti – Irma Ligia Stagi. Ver en: Cruz,L.Massmedia.pdf

[2] Stnley Paine en Fascism: Comparison and Definition (2022)

[3] Gaitán, Julio; Malagón, Miguel. (2009). Redalyc.FASCISMO Y AUTORITARISMO EN COLOMBIA

[4] Giménez. (2024). FASCISMO SIGLO XX

[5] Copia de Dialéctica del fascismo y su psicopatología

[6] FASCISMO SIGLO XX

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