Ella advirtió que la iban a matar y el Estado no atendió su plegaria.

Por Carlos Julio Bonilla Soto –

“Le pido a los seguidores y a los demás candidatos que no continúen haciendo comentarios irresponsables acerca de mi candidatura ¡Por Dios, no sean irresponsables!, esto puede tener consecuencias para mí, incluso fatales”, advirtió Karina García Sierra a través de un vídeo una semana antes de la masacre.

Con Karina García Sierra, candidata del Partido Liberal Colombiano esperábamos se convirtiera en la primera mujer en llegar a la Alcaldía de Suárez por voluntad de la ciudadanía, ese era nuestro sueño y el de miles de habitantes de este municipio que ha padecido todos los males. Por sus propuestas, su campaña, por su ideología de servir con honestidad en una de las regiones más violentas y polarizadas de Colombia, le segaron sus aspiraciones a esta mujer que fue concejal y personera, le quitaron la vida ese fatídico domingo 1 de septiembre de 2019 a ella, a su madre Otilia Sierra; al aspirante al Concejo municipal, Yeison Camilo Obando; los presidentes de las JAC veredales, Aidé Tróchez y Héctor González y la dirigente rural Lavedis Ramos. Karina una semana antes de que la asesinaran, había denunciado en un vídeo por diferentes medios de comunicación que la guerra sucia que venían realizando en contra de su pretensión de ser la mandataria podría resultar siendo fatal.

Hoy se cumple un año de esta vil masacre y este crimen sigue impune, no es un hecho aislado y dice mucho del recrudecimiento de la violencia política en nuestra región. Ella es una de los tantos de candidatos asesinados por expresar sus ideas, por la intolerancia.

Ella, esposa, madre, hija e indiscutible líder social tenía tan solo 31 añitos, toda una vida por delante, y denunció hasta la saciedad cuando los afiches de su campaña comenzaron a ser pintados de negro en plena campaña, delató las noticias falsas sobre ella diciendo que en caso de llegar a la Alcaldía de Suárez iba a llevar paramilitares y quitarle tierra a la gente, irresponsables quienes expresaron esas mentiras, ningún ente la escuchó, denunció amenazas en su contra y hechos de violencia, agresiones que atentaron contra los derechos políticos de las mujeres.

Lanzaron acusaciones irresponsables que estigmatizaron la candidatura de una mujer, reproduciendo y avalando mensajes de odio, que encontraron eco en grupos armados con un desenlace fatal. Hoy, siguen instalados imaginarios de que cuando las mujeres rompen el estereotipo que las ubica en situación de obediencia se justifica el uso de la violencia, se equivocan, ellas tienen todo el derecho de salir de los esquemas “normales” de la sociedad que históricamente han padecido; nociones que continúan impulsando y ahondando imaginarios sexistas que limitan la presencia de las mujeres en espacios de poder, en este caso de participación política electoral, este era el sueño de Karina, y se lo segaron. Karina era una mujer como muchas en el Cauca, con deseos fervorosos de trabajar por su comunidad y con la profunda convicción de luchar en procura de alcanzar un bienestar común. La paz, paradójicamente para ella, era un don por el cual había que batallar cotidianamente, por ello, entre otras razones, había decidido aspirar a la Alcaldía de su municipio.

Después de estos tristes hechos, se sigue demostrando un Cauca, una Colombia polarizada, que con el lenguaje incendiario, se descalifica y se acaba con la honra de las personas, las masacres siguen, la violencia política igual, los ataques de grupos al margen de la ley aumentaron, los delitos de lesa humanidad no pararon.

Finalmente, invito a las autoridades regionales y nacionales, a la Fiscalía General de la Nación que actúen en consecuencia, no más anuncios de recompensas, ni consejos “extraordinarios” de seguridad, que hoy, un año después, nos digan la verdad, que nos enseñen el avance de las investigaciones y el juzgamiento de los culpables de esta masacre, ni una más.