Por: Omar Orlando Tovar Troches -ottroz69@gmail.com-
Efectivamente sí. El paro nacional del 2021, como los de 2019, 2018, el que según el expresidente J.M. Santos; no existió, las mingas, las movilizaciones campesinas, las de las mujeres, las del no más, las del no al secuestro y hasta el paro de 1977, para solo nombrar las movilizaciones recientes, tuvieron y, para incomodidad de uno que otro desinformado; tendrán finalidad política electoral.
No obstante que la gran mayoría de los colombianos, han sabido, o al menos intuido, desde siempre, lo que juiciosos y renombrados estudiosos de la sociedad y de la política, han descrito y prescrito en sus investigaciones, acerca de las motivaciones políticas de toda manifestación pública, hecha de manera individual o colectiva; al parecer, los estudiosos comunicadores, politólogos y sociólogos afines a la institucionalidad gubernamental, apenas se vinieron a dar cuenta de esta intencionalidad, recién se conocieron las declaraciones de uno de los miembros del Comité Nacional de Paro de Colombia.
Acuciosos, como han sido, son y serán; politólogos, opinadores y periodistas afines al uribismo, emprendieron la santa cruzada de advertir a la, según ellos, despistada feligresía colombiana, sobre los oscuros intereses electoreros de los promotores del vandálico paro de 2021. Casi que, a punto de rasgarse las vestiduras, los recién esclarecidos politólogos, señalan, acusan y, como de costumbre, condenan, a la dirigencia del Paro, por intentar sacar réditos electorales del Paro. Como diría uno que otro mayorcito o mayorcita: Ahora ven la paja en el ojo ajeno.
Lo cierto es que la incomodidad de las declaraciones del dirigente sindical, no está en las declaraciones mismas, ni en el supuesto descubrimiento de la intencionalidad política de la movilización social, lo que realmente mueve a opinadores y periodistas oficialistas, a señalar, la supuesta manipulación, es la constatación diaria de que esa intencionalidad electoral, no solo era sabida y compartida por un grueso de la población colombiana, sino que esa intencionalidad de convertir el descontento callejero y de las redes, en votos en contra del establecimiento político tradicional, cada día es más tangible, y lo peor, al menos para el uribismo, cada día más posible.
En este sentido, bien vale la pena, acudir a la sabiduría popular, cuando afirma que: más sabe el diablo por viejo, que por diablo, para darle crédito, así cueste hacerlo, a las admoniciones del ex sanador y ex presidente Álvaro Uribe V., cuando llamaba la atención sobre el futuro político de Colombia, al tuitear: ¡Ojo con el 2022!
Como cualquier viejo zorro de la política (que sabe por diablo, por viejo y por zorro), el líder espiritual y político de la derecha colombiana, no solo estaba abriendo el paraguas de las disculpas por lo que él ya sabía, sería un pésimo gobierno de su pupilo Duque, sino que además, estaba preparando la andanada mediática para enlodar los próximos comicios del año 2022, en el caso de que, si como recién se está constatando, su legión de mandaderos y los de sus patrones, los de los gremios, pusieran en riesgo, su oscuro legado de 20 años en el poder.
Ahora, en un escenario en el que nuevos liderazgos populares, han empezado a tomar la vocería política de ese amplio universo de manifestaciones de descontento por el fracaso de la derecha en los gobiernos de los últimos doscientos años, el uribismo ha empezado a acudir a su archi conocida estrategia de mentir, insinuar, tergiversar, engañar y tratar de manipular la opinión pública, al presentar ante ella, su también vieja estrategia de policía bueno (que si existen) y policía malo, intentando poner distancia entre el uribismo uribista y el gobierno Duque.
Al plantear un recetario de medidas, ya expuestas por la oposición, pero ahora con el acento paisa del ex senador Uribe, el uribismo bien, intenta, de paso, congraciarse y fortalecer a los mal llamados sectores de centro izquierda y centro derecha, de forma tal, que el entusiasmo de la primavera colombiana expresada con indignación en calles y redes sociales, pronto se amaine en la otoñal y cenicienta propuesta de un necesario cambio, suave y lento, que le permita una salida digna al eterno presidente, sus aliados y jefes, en un cómodo y merecido: Perdón y olvido.
Antes que el bochinche, la maledicencia, el chisme, la insinuación, los falsos positivos jurídicos, disciplinarios y fiscales, empiecen a funcionar a favor de los intereses de la derecha corporativista, encarnada en el uribismo, se requiere que toda esa justificada indignación, todo ese descontento, todas esas voces de reclamo de justicia y de inclusión, pronto encuentren los mecanismos idóneos, para construir una unidad de acción político electoral, que pueda encausar todos los reclamos y aspiraciones de la mayoría de los colombianos, en campañas electorales y votos que pongan en el congreso y el ejecutivo nacional, a los auténticos expositores y expositoras de la verdadera gente de bien: los millones de desamparados y empobrecidos por las malas administraciones de siempre.
Así que: En serio; ojo con el 2022
Recorderis: No olvidar inscribir su cedula de ciudadanía en un puesto de votación cerca de su residencia. Después no diga que no le dijimos.
Este es un espacio de expresión libre e independiente que refleja exclusivamente los puntos de vista de los autores y no compromete el pensamiento ni la opinión del Magazín CNC.












