La crisis de la política y anhelos de cambio.

CARLOS E. CAÑAR SARRIA     –

carlosecanar@hotmail.com     –

        Uno de los
errores más graves de la administración pública en Colombia  es ubicar en las distintas posiciones y
cargos a personas que carecen de conocimientos en el
arte de gobernar y de ñapa les falta
sensibilidad social. De ahí el papel desteñido, desaliñado,
desorientado, improvisado y decepcionante que desempeñan.

En muchas dependencias departamentales y municipales- con
algunas excepciones- nunca están los que debieran estar y ello se traduce en
incompetencia y caos administrativo que repercute desfavorablemente en toda la sociedad.

 Eso de repartir las
cuotas burocráticas es algo problemático en nuestro país. No todo el mundo queda
contento. Es común observar la pérdida de autonomía de gobernadores y alcaldes
a la hora de escoger y designar sus equipos de ‘colaboradores’; estos
mandatarios terminan convertidos en marionetas por parte de los partidos o
movimientos políticos que los respaldaron electoralmente.

En las decisiones y acciones de quienes
detentan el poder prima
dar contentillo a quienes  les deben
favores y tienen compromisos pendientes. Muchos
pensarán que ello es inevitable en un país politizado y clientelizado como el
nuestro, donde históricamente no ha existido otra forma diferente de hacer y
seguir haciendo ‘política’. Política promesera, intercambio de favores entre
patrones y clientes; cambios de gobierno y al
final los mismos con las mismas.  ¿El
poder para qué o el poder para quienes?

Muchas cosas  en beneficio
de lo público  se podrían hacer con el
poder, pero no. Administraciones convertidas en desperdicios ante tanto
problema y tanta necesidad por resolver y atender. Se
desgobierna. Se trata de cambiar para mejorar. Hay departamentos y
municipios  que en lugar de progresar
parece que involucionaran.

Caos o ruinas por todo lado, más desempleo, crisis
educativa por el desmejoramiento de la calidad,  deterioro de la salud
de las personas al tiempo que se nutren los bolsillos de las empresas
prestadoras de este “servicio”; saneamiento básico por el suelo,
reinante inseguridad en ciudades al garete,  vías y calles destartaladas, etc. Situaciones que en muchas partes son promotoras de
conflictos que se traducen en protesta social. Exigencias y requerimientos de
los movimientos sociales que en su mayoría son legítimos. Se refleja cada vez más el distanciamiento entre el
Estado y la sociedad. El problema es que los
problemas no se resuelven, por el contrario, se acrecienten cada vez más.

Los habitantes y ciudadanos quisiéramos contar con unos
dirigentes y funcionarios públicos estudiosos
y capaces que accedan a la política como opción para servir a las comunidades
que dicen representar. Que existan verdaderos
criterios meritocráticos para acceder a los cargos, en especial aquellos de
mucha representatividad y responsabilidad, para que cualquier bachiller no
pueda fungir como presidente del Congreso.

Quisiéramos sentir una política económica y social más
incluyente, modelos de desarrollo que posibiliten un crecimiento económico que
responda a las necesidades y requerimientos de los sectores mayoritarios de la
sociedad. Quisiéramos saborear una seguridad basada en la democracia social y
no en la guerra. Que los derechos sociales y económicos se mantengan vigentes
en el contexto nacional.       Que la gente salga a la calle sin el temor de ser atracada.
Que desaparezcan los cinturones de miseria en el campo y en las ciudades. Que
los conflictos se resuelvan políticamente, es decir, mediante el diálogo y la
concertación. Que los partidos políticos sean verdaderos intermediarios entre
la sociedad civil y el Estado. Y dejen de ser maquinarias clientelistas y
electoreras.

 Cada vez se hace
más necesaria la democratización de las relaciones laborales. Hay que construir culturas  donde se adopten -reiteramos-criterios
meritocráticos de promoción personal y laboral y se pueda
demostrar que sí es rentable la pedagogía del esfuerzo, a todas aquellas personas
que después de grandes sacrificios estudian y se superan intelectualmente en
busca de mejores oportunidades. El clientelismo paulatinamente debe desterrarse
de nuestra cultura política. Le ha hecho mucho daño al país poniendo obstáculos
a la promoción, realización y consolidación de una verdadera democracia.

Coletilla: Un golpe bajo a los acuerdos de paz es el asesinato del ex combatiente de las Farc, Dimas Torres, muerto en extrema crueldad y en estado de indefensión, tal como lo dicen las noticias. Generales del Ejército, han pedido perdón, mientras el ministro Botero, trata de no reconocer el atroz crimen. Motivo por el cual ya se piensa  hacerle una ha moción de censura en el Congreso y en la  opinión pública se escucha que se le pide la renuncia.

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