Por: Omar Orlando Tovar Troches -ottroz69@gmail.com-
Lo malo de coronar medio siglo de vida es constatar que el camino, cada día, es más corto. Esa sombría certeza es alimentada por lo asombrosamente repetitivas que se vuelven las noticias sobre el fallecimiento de familiares, amigos, conocidos y, en términos generales, de personas, que de una u otra manera han impactado la vida de quienes ya estamos cuchos y que, eufemísticamente, ahora somos conocidos como Generación X.
Haciendo de lado la obviedad del impacto que tiene la repentina sucesión de fallecimientos de las personas cercanas; resulta claro que la muerte de nuestros héroes (heroínas) deportivas, políticas, intelectuales o artísticas, conocidos cuando apenas transitábamos los años maravillosos de la infancia y la adolescencia, nos enfrenta a la cruel constatación del paso del tiempo, que generalmente es acompañada con las inocentes y desesperadas preguntas: Pero ¿cómo así? ¿Murió fulano de tal? ¿Si estaba tan joven aún?
La cosa se agrava cuando, de verdad, los héroes o heroínas mueren teniendo nuestra misma edad, o incluso, siendo un poquito mayores o menores que nosotros. Aún resuenan en mi memoria, pero, sobre todo, en mi nostalgia, las muertes de Kurt Cobain, Amy Wainhouse, Chester Bennington, Chris Cornell o Gustavo Cerati, solo para mencionar algunos, de los que considero murieron demasiado jóvenes.
Un caso diferente de nostalgia y sustico por la proximidad de la muerte, para nosotros los cincuentones, es la que se siente con las noticias luctuosas de los héroes de infancia. Para mi caso particular, las recientes muertes de Lemmy Kilmister, Ozzy Osbourne y ahora Chuck Mangione, me confirman que la parca anda rondando, y muy cerquita.
El nombre de Chuck Mangione esta directamente vinculado a mis memorias radiales. Por allá, a comienzos de los años 80 del siglo pasado (nótese lo añejo de la cita), cuando en casa competían por nuestra atención, la programación de televisión que llegaba a nosotros vía un televisor Phillips con mueble incluido y los programas que escuchábamos en una grabadora (doble casetera y full luces led), en los que, la recién descubierta banda FM, nos dejaba escuchar constantemente Feels so Good y Children of Sánchez del ahora fallecido Chuck Mangione y que para mi caso, abrieron las maravillosas puertas al Jazz y al Blues.
Despedir a Mangione, de alguna manera, es terminar de darle un adiós a esos años maravillosos de radio y televisión en blanco y negro, en los que la imaginación no era suplantada por la inteligencia artificial y en los que la música y los contenidos, sí tenían eso: ¡Contenido!
Buen viaje Maestro Mangione. Saludos al maestro Gillespie, … Ya casi.














