Por: Omar Orlando Tovar Troches -otrtroz69@gmail.com-
Una vez conocidos los resultados electorales de congreso y primera vuelta presidencial, en los que los partidos y movimientos del Pacto Histórico salieron victoriosos, señalando, además, la decisión de las mayorías, de castigar electoralmente a los viejos caciques de la política tradicional, de inmediato se activaron todos los mecanismos de re encauche de que son capaces, los viejos zorros de los partidos de derecha, en el Cauca y el resto del país.
Aprovechando la mano generosa, pero también necesitada, del entonces candidato: Gustavo Petro, los supervivientes del desastre electoral de la derecha e, incluso, los muy hábiles perdedores, corrieron prestos a ponerse al servicio del muy probable ganador, eso sí, sin el menor escrúpulo para mostrar sus ambiciones burocráticas y electorales, toda vez que, para las elecciones regionales: Plata es plata y votos, son votos, así en principio, hubiesen sido para los candidatos zurdos.
Tan pronto como se tuvo noticia confirmada del triunfo de los candidatos del Pacto Histórico, inmediatamente, los habilidosos perdedores, ahora orgullosos aliados ganadores, empezaron a tejer una muy elaborada estrategia, ya no de infiltración, puesto que la figura del “Frente”, les permitió el acceso a círculos de decisión del Pacto, sino de apropiación de las instancias de dirección del Pacto, en las localidades en donde, las viejas rencillas de la izquierda, pero sobre todo, la falta de manejo del clientelismo y la escasez de recursos económicos propios, pudiera favorecer la manipulación por parte de esos sempiternos barones y baronesas de la política tradicional, bien conectados a nivel nacional, con los nuevos aliados del presidente y con poderosas billeteras, ahora orgullosamente enfundados en sus nuevas fachadas de neo- alternativos.
La inexperiencia de los partidos de izquierda, de los movimientos políticos alternativos y de las organizaciones sociales de base que conforman el Pacto Histórico, en asuntos del poder, ha sido el campo fértil, en el que, la muy eficiente casta política tradicional de derecha, ha sembrado y empieza a cosechar, todos los frutos de su eterno ejercicio clientelar y de coacción económica y/o política, para imponerse como males necesarios, dizque para sostener el triunfo del Pacto en el plano regional y local. Ahora resultó que personajes derrotados electoralmente en marzo pasado, junto con sus círculos cercanos, en los que aparecen personajes que nunca pierden, puesto que se los ha visto desfilar y ejercer cargos en todas las administraciones locales, regionales y nacionales, ahora muy mondos y lirondos, terminaron impartiendo órdenes en círculos cercanos al Pacto.
En este contexto de transición, en el que los partidos de izquierda y movimientos políticos alternativos, han empezado a pasar de ser oposición a ser gobierno, es preocupante observar, una vez más, cómo el centralismo político administrativo del Estado colombiano, se empieza a trasladar al Pacto Histórico. Insisten, algunos desprevenidos y hasta ingenuos dirigentes del Pacto a nivel central, en trasladar la figura del Frente Amplio, útil en el contexto electoral nacional, a los contextos locales, en los que las circunstancias difieren de región a región, por lo que exigen mecanismos particulares para cada caso.
Los resultados electorales en el departamento del Cauca, señalan una constante, en torno al apoyo electoral a las propuestas alternativas del orden nacional, no obstante que, solo hasta estas recientes elecciones de congreso, la ineficiencia y la corrupción de la casta política tradicional caucana, fuera castigada en favor de los partidos y movimientos alternativos, a punto de haber elegido 2 senadores (ADA (circ. Ordinaria)-MAIS (circ. Indígena)), 2 Representantes a la Cámara por Circunscripción ordinaria (Pacto Histórico) y haber votado mayoritariamente por el Representante por la Circunscripción Especial Indígena (MAIS) y contar con representantes por la Circunscripción Especial de Paz.
Así las cosas, o mejor, los resultados electorales, es difícil entender, la insistencia de algunos dirigentes del pacto en prestarse a la estrategia de re encauche de la casta política tradicional de derecha del Cauca, afirmando, sin pudor alguno, que se necesitan de los votos de los derrotados (no se sabe cuáles votos, puesto que las cifras muestran que la mayoría de los caucanos no voto por ellos), para asegurar un próximo triunfo electoral, (Alcaldías, Gobernación, Concejos y Asamblea), que permita reafirmar el avance de la decencia en la política, pero sobre todo, asegure que el proyecto político y social del Pacto, pueda crecer y mantenerse en el tiempo.
Es posible que, una vez más, el afán del triunfo, junto con las maquinaciones de algunos personajes (los (as) que nunca han perdido), estén llevando a la dirigencia del Pacto en el Cauca, a no asumir, de una vez por todas, el mandato popular de las mayorías, de buscar la ruta del cambio verdadero. Este cambio, exige tener el coraje suficiente para dejar de lado la mal llamada cortesía política, para decir con contundencia, que no pueden hacer parte de una verdadera propuesta del cambio, aquellos y aquellas que durante tanto tiempo han hundido al Cauca y a Santander de Quilichao, en el más asombroso atraso y empobrecimiento y tampoco; aquellos, cuyo silencio, bien pagado con cargos, contratos y asesorías, permitió el actual estado de cosas.
El exceso de corrección política, no puede ser la venda que impida ver que las verdaderas ciudadanías decentes y libres, votaron en contra del viejo establecimiento politiquero, incluso, quienes votaron por la opción de Rodolfo Hernández, también estaban votando en contra de la vieja política, así su voto por el ingeniero, obedeciera a la manipulación de la que fueron víctimas. El tiempo de las decisiones, paulatinamente se acerca y el Pacto Histórico, si quiere representar la oportunidad del cambio para Santander de Quilichao, debe cuidarse de no caer en las trampas de la manipulación de los nuevos y oportunistas aliados y también debe estar atento a esas supuestas nuevas y jóvenes figuras de la política, impulsadas, ya no tan secretamente, por el Bonillo-Grijalbismo.















