“POLÍTICOS DE CARRERA” Y “POLÍTICOS DE CHEQUERA”

Por Fernando Dorado     –

E-mail: ferdorado@gmail.com    –

En Colombia como en
América Latina y el mundo entero, los “políticos de carrera” (sean de
izquierda, derecha o “centro”), están fracasando en toda la línea. De luchar
por “lo público” pasaron a solo batallar por su imagen y poder personal.
Algunos, en el fragor de los debates, discursos, reuniones y tuits, todavía
 no se han percatado de ese hecho.

Lo ocurrido en Puerto Rico es una buena lección para los “políticos de carrera”. Tanto el renunciado gobernador Roselló como sus rivales políticos se vieron obligados a hacerse a un lado frente al pueblo borincano que, liderado por cantantes y artistas, se movilizó por verdad y dignidad. Y se logró un triunfo que va desencadenar grandes cambios en ese país.

Los políticos
boricuas de oposición tuvieron que ayudar con “bajo perfil”, obligados por la
avalancha popular que no iba a permitir que esa lucha fuera apropiada por un
sector político en particular. La exigencia era no “partidizar” esa lucha
colectiva para poder ganarla.

En Colombia, a
pesar que tenemos problemas mucho más graves, no hemos podido construir
verdaderos movimientos ciudadanos que movilicen a las mayorías. El afán de
figurar, la supuesta “polarización” y los apetitos personales de nuestros
políticos (del color que sean), han “privatizado la política” y obstaculizado
la acción colectiva.  

Ad portas de las
elecciones locales y regionales en Colombia, son muchos los ejemplos de esa
“privatización” de las causas sociales y ciudadanas. El metro subterráneo de
Bogotá ya tiene “dueño político” como lo tiene la lucha contra la corrupción,
la lucha por la paz, la defensa del medio ambiente o la defensa de la vida de
los líderes sociales.

Al actuar de esa
manera, los “políticos de carrera” debilitan la lucha social y política. La
causa de oponerse a un metro elevado en la capital de la república, que
es desde todo punto de vista una causa justa
, termina siendo debilitada por
ese tipo de actitudes personalistas que desgastan la verdadera lucha por lo
público y ahuyentan de la acción política a la gente.

Hay que aprender de
lo ocurrido en América Latina con los gobiernos progresistas, en Grecia con
Siryza, y en España con Podemos, que lideraron importantes y exitosos procesos
electorales y de gobierno. Ellos se montaron sobre olas de indignación y de
movilización popular, pero, para nuestra desgracia, en poco tiempo se
“cerraron”, le pusieron nombre propio a la causa social, y le hicieron –tal vez
sin querer– un favor a los poderosos capitalistas que, después, derrotaron a
los “políticos de carrera”, y lo más grave, aplastaron el espíritu de lucha de
millones de personas que fueron su aliento y fuerza.

Claro, el
debilitamiento de la verdadera lucha social y política se convierte en una
ventaja para los “políticos de chequera”, que no necesitan de ideas ni
programas, sino solo de acuerdos por debajo de la mesa y una buena “inversión
monetaria”, para hacerse con los gobiernos, y seguir robando y estafando a la
gente. ¿Podremos aprender?

Volver sobre
las causas transformadoras parece ser la senda para rescatar
la acción política de la mediocridad en que ha caído por efecto de tanta
exposición mediática y de la falta de debate y construcción colectiva de los
movimientos y agrupaciones políticas.

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