Pruebas PISA, pantallas y tecnocracia: el fracaso del modelo

Por: Omar Orlando Tovar Troches -ottroz69@gmail.com

La OCDE ha vinculado directamente la caída general del nivel académico a la proliferación de smartphones…

Ahora que Donald Trump y la ultraderecha mundial ponen en evidencia, casi que, a diario, la inutilidad del neoliberalismo como solución de los problemas del mundo en el siglo XXI,  tanto en Estados Unidos, como en cada una de sus colonias, la prensa corporativa, corre presta a manipular la opinión pública, para intentar ocultar, por enésima vez, las gravísimas fallas del capitalismo.  En esta ocasión, los resultados de las pruebas PISA les han dado a los voceros de la derecha y de la tecnocracia internacional, una excusa para tratar de seguir alargando su estrategia de buscar culpables donde no los hay.

Para el caso colombiano, los resultados de las pruebas PISA, han sido usados por la derecha para hacer lo único saben hacer: señalar culpables. Y, como era de esperarse, el culpable favorito de la prensa prepaga y de los politicastros al servicio de los gremios económicos terminó siendo el gobierno progresista de Petro.

A pesar del desesperado intento de los políticos de derecha, en cabeza del representante a la cámara, Daniel Briceño, del estamento periodístico y de los gremios de la producción, de culpar a la izquierda como responsable de esta nueva frustración en el campo educativo; lo cierto es que esta conclusión no solo es perezosa, sino que termina siendo falsa. Al hacer un desapasionado examen de los datos (no mencionados por Briceño o por los periodistas corporativos)  éstos cuentan una historia muy distinta; una en la que el deterioro de las capacidades cognitivas de las nuevas generaciones no empezó con Petro ni con ningún gobierno de izquierda;  es el resultado de un modelo educativo que fue diseñado, décadas atrás, dentro de la concepción capitalista de  la educación, en la que este espacio está destinado a ser una fábrica de humanos al servicio del mercado y no un espacio en donde pueda progresar el pensamiento crítico.

No obstante, que la OCDE fue categórica al afirmar que los alumnos registraron «el nivel medio de rendimiento más bajo jamás observado» desde que comenzaron las pruebas en el año 2000 (DW, 2026); el dato que la derecha omite sistemáticamente, es que esta caída es global, no colombiana ni latinoamericana, es un fenómeno que afecta a países con gobiernos de derecha, de izquierda y de centro, cuyas causas, según lo señala la propia OCDE, no tienen nada que ver con la orientación ideológica de los gobiernos, sino con  «el creciente uso de las pantallas, la pérdida de interés por la lectura entre los jóvenes y los cambios en la relación de los estudiantes con la escuela desde la pandemia» (DW, 2026). Es decir, el problema es estructural y civilizatorio, no partidista.

La Conversa de Fin de Semana ha venido señalando, en algunas de sus publicaciones[1], la aparente falta de interés que demuestra la institucionalidad educativa tradicional por estudios serios y, sobre todo, de largo plazo, relacionados con el desarrollo de las capacidades cognitivas de la humanidad en el último siglo. Según estos estudios, la humanidad venía viviendo un fenómeno que parecía irreversible, consistente en que cada generación era más inteligente que la anterior. A este fenómeno se le conoció como el efecto Flynn, documentado desde la década de 1930. Sin embargo, ese ciclo se rompió.

Un estudio de la Universidad de Northwestern, publicado en la revista Intelligence, analizó a casi 400.000 estadounidenses comparando sus respuestas en pruebas cognitivas entre 2006 y 2018. Los resultados de este estudio mostraron caídas significativas en lógica y vocabulario, resolución de problemas visuales y analogías, lo mismo que en habilidades computacionales y matemáticas (National Geographic, 2026). A este fenómeno se le denomina efecto Flynn inverso.

A estas alturas, la curiosidad de la estimada lectora o lector debe estarles llevando a preguntarse: ¿Qué tiene que ver esto con PISA? Permítanme señalarles que: Todo. Las famosas pruebas PISA no miden otra cosa que la capacidad de los estudiantes para comprender textos, resolver problemas matemáticos y aplicar el razonamiento científico. Resulta que esas capacidades son exactamente las que el efecto Flynn inverso está erosionando. Varios artículos académicos sobre el tema señalan que este retroceso está causado por el empobrecimiento paulatino del lenguaje y su conexión directa con la capacidad de razonamiento. No es que las últimas generaciones sean menos inteligentes por naturaleza; es que están creciendo en un entorno que no estimula el desarrollo de esas capacidades.

Esta aparente “involución” que se señala en los estudios recién mencionados es tan marcada, que el propio informe PISA señala que «la distracción digital está relacionada con un peor rendimiento en la lectura y la comprensión». Es decir, la OCDE ha vinculado directamente la caída general del nivel académico con la proliferación de smartphones, señalando, además, que los alumnos que consumen menos pantallas presentan mejores indicadores de concentración y mejores resultados (DW, 2026).

Como si los estudios que sustentan el Efecto Flynn Inverso y las conclusiones de la OCDE alrededor de los resultados de las pruebas PISA, no fueran suficientes, el trabajo de Michel Desmurget, titulado:  La fábrica de cretinos digitales (2020), plantea una tesis demoledora, según la cual, el publicitado mito del «nativo digital» (una narrativa, acogida por los nuevos gurús de la psicología y la pedagogía contemporánea norteamericana, que plantea la idea de que los jóvenes, por haber crecido rodeados de pantallas, poseen un cerebro más desarrollado) es falso.

El texto de Desmurguet afirma que la evidencia científica demuestra que el uso intensivo y sin control de dispositivos digitales está frenando el desarrollo intelectual de las nuevas generaciones, desmontando la supuesta competencia tecnológica de los jóvenes, puesto que numerosos estudios muestran que la mayoría tiene dificultades para realizar operaciones informáticas básicas, como configurar programas, gestionar archivos o resolver problemas técnicos. De hecho, la Comisión Europea, citada por el autor, sitúa «la escasa competencia digital de los estudiantes» como uno de los principales obstáculos para la digitalización educativa (Desmurget, 2020).

La sobrevalorada capacidad multitarea de las dos últimas generaciones de humanos, que no es otra cosa que la dispersión constante, el salto frenético de una actividad a otra y la impulsividad, características tratadas como atributos por los coach del mito del nativo digital, en realidad son «sumamente nocivos para el rendimiento intelectual» (Desmurget, 2020). La consecuencia de esta moda disfrazada de modelo educativo fue que la capacidad de mantener la atención sostenida, fundamental para el aprendizaje profundo y el pensamiento crítico, se vio severamente deteriorada por el consumo fragmentado y continuo de contenido digital.

Así las cosas, se podría afirmar que: si las pantallas son el instrumento, la tecnocracia es el arquitecto. Veamos el asunto con detenimiento. Durante décadas, los modelos educativos, al menos en buena parte del llamado mundo occidental,  han sido diseñados por tecnócratas economistas, ingenieros, consultores, asesorados por uno que otro pedagogo o pedagoga, cercano a los círculos del poder, que ven la educación como un insumo para el mercado laboral y no como un espacio para la formación del pensamiento crítico.

No se trata del resumen de una distopia tipo Fahrenheit 451 o Matrix; esta concepción de la educación como fábrica de capital humano es la que llevó a que, en Colombia se eliminara la cátedra de Historia en 1994, al quedar excluida de la Ley General de Educación. Este tipo de decisiones políticas, de corte tecnocrático, han producido, como efecto paulatino, pero no explícito, la expulsión o, al menos, la disminución de la filosofía de la enseñanza básica y media colombiana, así como el desplazamiento a un último plano de las humanidades (la historia, la filosofía e incluso, la literatura) para darle prelación a cátedras como la de religión, en un Estado que se dice laico.

En Colombia, lo mismo que en el resto del mundo occidental, se dejó de formar ciudadanos para formar trabajadores.  Mediante la implementación de un pensamiento economicista tipo esquema piramidal, al mejor estilo de empresa multinivel (Avon, Yanbal, Herbalife, etc.) en todos los niveles de enseñanza, tras la ilusión del emprendimiento individual exitoso, se escondió el objetivo principal: dejar de enseñar a pensar para enseñar a obedecer.

Se tiene entonces, que el documentado declive de la capacidad cognitiva de la humanidad no fue culpa de la izquierda ni, mucho menos, de Petro; es el resultado de un modelo educativo que fue capturado por la tecnocracia y puesta al servicio del modelo económico hegemónico. Este modelo prioriza los resultados en pruebas estandarizadas sobre la formación integral,  entregando a los niños a las pantallas desde edades cada vez más tempranas, sin regular el tiempo de exposición, sin educar en el uso crítico de la tecnología. Un modelo que ha sido defendido, financiado y promovido por los mismos centros de pensamiento (ANIF, Fedesarrollo, la CPC) que, a través de sus medios de comunicación, pero, sobre todo, de políticos con discutible comprensión lectora, como el representante Briceño,  hoy señalan con el dedo a los gobiernos progresistas.

La derecha colombiana, con su nuevo gobierno y su nueva ministra de Educación, no tiene ninguna autoridad moral para señalar culpables. Al contrario: son ellos quienes profundizarán el modelo que nos trajo hasta aquí. Son ellos quienes, en lugar de recuperar las humanidades, impondrán la religión. En lugar de regular las pantallas, las expandirán en nombre de la «innovación», no obstante, que decretan recortes en el presupuesto de conexión digital para la Colombia que no votó por De La Espriella. El fascismo Abelardista está empeñado en formar obediencia, así sea a punta de miedo, en lugar de formar pensamiento crítico.

Para más y mejor información ver:

Desmurget, M. (2020). La fábrica de cretinos digitales: Los peligros de las pantallas para nuestros hijos. Península.

  1. (2026, 8 de septiembre). PISA: caída histórica del rendimiento escolar internacional. https://www.dw.com/es/estudio-pisa-alerta-de-una-ca%C3%ADda-hist%C3%B3rica-del-rendimiento-escolar-internacional/a-79156771

National Geographic. (2026). El cociente intelectual está descendiendo por primera vez en décadas. https://www.nationalgeographic.com.es/ciencia/cociente-intelectual-esta-descendiendo-por-primera-vez-decadas_19756

Larson, E. J. (2026). The Reverse Flynn Effect and the Decline of Intelligence. Substack. https://erikjlarson.substack.com/p/the-reverse-flynn-effect-and-the

OCDE. (2026). Informe PISA 2025. Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos.

Dworak, E., et al. (2023). Declining intelligence test scores in the United States. Intelligence, 98, 101688. https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0160289623000156

Infobae. (2026, 7 de abril). Jóvenes de la Generación Z registran un nivel intelectual inferior al de sus padres por esta tecnología. https://www.infobae.com

El Correo. (2026, 8 de septiembre). La OCDE vincula la caída general del nivel académico a la proliferación de smartphones. https://www.elcorreo.com

Wiley Online Library. (2026). Digital Habits and Time Use Patterns: Factors Influencing Reading Comprehension Skills in Spanish Adolescents Based on PISA 2022. https://onlinelibrary.wiley.com

[1] Ver: El Fascismo del siglo XXI o el secuestro del desencanto | www.MagazinCnc.Com  / El fenómeno de la estupidez explica por qué hay gente que prefiere creer en soluciones mágicas antes que pensar