Sin alcalde

Por: Juan Carlos López Castrillón     –

La privación de la libertad de un alcalde o la suspensión del ejercicio de sus funciones, dentro de un proceso penal o una investigación disciplinaria, siempre serán una mala noticia para su municipio.

Por eso, lo sucedido esta semana en Popayán no le ayuda para nada a la ciudad; y no estoy desconociendo ni declarándome en contra de la actuación de la justicia, a lo que me refiero es que esto nunca debió pasar. Es muy nocivo para una ciudad que lucha por salir adelante en medio de circunstancias contradictorias.

Por un lado, Popayán intenta desarrollar su gran potencial en los
sectores del turismo, la tecnología y la educación; pero por el otro maneja la
carga emocional negativa de sentirse abandonada por los gobiernos y de vivir en
permanente incertidumbre.

El hecho mencionado influye negativamente en el normal desarrollo de la
administración del municipio y de sus obras. Se entra en un estado de
interinidad. Además, le resta velocidad a dos temas importantes que están en
curso:

  1. El nuevo Plan de Ordenamiento Territorial, que debe poner en cintura el crecimiento desordenado de la ciudad; y
  2. El proyecto del Banco Interamericano de Desarrollo (BID): Ciudad Sostenible 2037, que puede posibilitar que se jalone inversión para que Popayán pueda ser más moderna e incluyente.

Todos debemos respetar el debido proceso de las acusaciones que viene
afrontando el alcalde Gómez Castro y esperar que la justicia actúe en derecho, con
independencia y sin presiones.

Ahora vienen una serie de responsabilidades políticas, tanto para
los partidos que avalaron al alcalde, quienes – si es el caso – deberán
presentar una terna de nombres que se ajusten al perfil de lo que la ciudad
requiere en un momento de crisis como el actual; y para el gobernador Campo,
quién tendrá la última palabra para escoger el remplazo del burgomaestre.

Es la hora de la serenidad, no se puede jugar al populismo, ni atizar
más un fuego que a mala hora ha chamuscado la poca credibilidad que tienen
las instituciones. Ya ha sido suficiente el daño que todo este proceso ha
generado; y lo que falta.

En unos días o semanas este episodio deberá tener un desenlace, vendrá
la evaluación de verdad y una discusión inevitable, no sólo sobre estos hechos,
sino también sobre las responsabilidades, tanto personales como colectivas.

Luego, como ciudad y departamento, deberemos ser capaces de superar este
momento, dedicarnos a construir sobre lo construido y a trazar caminos que nos permitan
salir del sombrío panorama que hoy afrontamos: las complicaciones del orden
público en el norte del Cauca, los desplazados que llegan a Popayán, los
asesinatos de dirigentes sociales, la inseguridad urbana, los problemas del
medio ambiente; y por supuesto, la pobreza.

Pero lo más urgente es cambiarle el tono al debate que viene.

Espero – tal vez con un poco de ingenuidad – que la escogencia de
alcaldes y gobernador tenga un lenguaje positivo, optimista y de narrativas
frescas. Que sea un debate de altura, con respeto, sin inundarnos de noticias
falsas y cuyo eje principal sean las propuestas de los candidatos, debatiendo
cómo y con qué recursos piensan ejecutarlas, para que podamos superar el
populismo y la demagogia, tan comunes en nuestra región.

Esta sociedad no aguanta más agravios y enfrentamientos y mucho menos
que la polarización de las redes sociales se traslade a las calles, debemos
cuidarnos de esto.

Sigo creyendo que tenemos que centrar todos los esfuerzos en hablar de
cómo se va a mejorar el “bienestar” de la gente. Esa palabra que puede parecer
una generalidad, es en realidad la mejor manera de describir lo que una
sociedad moderna necesita.

Educación y salud son bienestar. Empleo digno y seguridad social son
bienestar. Movilidad y equilibrio ambiental son bienestar. Recreación, cultura
y deporte son bienestar. Respeto por los animales y reforestación son
bienestar. Inclusión e igualdad de oportunidades son bienestar. Necesitamos
bienestar.

Posdata: a través de su historia Popayán fue sitiada varias veces, vivió penurias, hambre, fusilamientos; eso ayudó a construir una raza estoica, con templanza en su carácter. Luego se enriqueció con los aportes culturales de migrantes, para terminar, siendo el pueblo orgulloso que hoy somos. Es el momento de la unidad, con o sin alcalde.

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